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SECTOR R1
RADIACIÓN DE FONDO DE MICROONDAS
Radiación electromagnética procedente del universo primigenio, generada durante la Gran Explosión (también conocida como Big Bang). Descubierta en 1965 y motivo de un premio Nobel a los ingenieros Arno Penzias y Robert Wilson en 1978, corresponde a la emisión de un cuerpo negro a una temperatura de 2,7 K (-270,5 ºC). Dada su gran uniformidad en todo el cielo, es considerada la prueba más evidente del modelo cosmológico asociado a la Gran Explosión. La radiación de fondo data de unos 300 000 años después del estado inicial del universo. Su observación detallada aporta multitud de información acerca del universo primitivo, la formación de estructuras en el cosmos y la geometría del universo a gran escala

RADIOASTRONOMÍA
Disciplina astronómica que estudia y mide la emisión electromagnética en el rango radioeléctrico o de radiofrecuencias de todos los objetos celestes, tanto en su emisión en continuo como en líneas espectrales. Las fuentes astronómicas normalmente estudiadas corresponden al gas y polvo interestelares, aunque también hay algunas estrellas, galaxias y cuásares que emiten en radiofrecuencias. Las radiofrecuencias se definen como la región del espectro electromagnético correspondiente a las mayores longitudes de onda (o menores frecuencias). Las longitudes de onda van desde décimas de milímetro hasta varios metros (frecuencias de cientos de gigahercios a pocos kilohercios). El instrumento utilizado en radioastronomía se llama radiotelescopio. Debido a la debilidad de las señales de radio, junto a las grandes longitudes de onda, los radiotelescopios tienen decenas (o centenares) de metros de diámetro. Son capaces de analizar la emisión en continuo

SECTOR R2
RAYOS COSMICOS
Partículas subatómicas extremadamente energéticas que viajan por el universo con velocidades cercanas a la de la luz. Entre esas partículas se cuentan algunos electrones, pero sobre todo se trata de corpúsculos de carga positiva, es decir, núcleos atómicos completos, cuyas abundancias se corresponden a grandes rasgos con la composición química promedio del universo; predominan, pues, los protones o núcleos de hidrógeno. Los rayos cósmicos en estado primario no alcanzan la superficie terrestre, sino que se desintegran al chocar con la atmósfera. Sin embargo, se pueden estudiar de manera directa desde globos, aeroplanos o satélites artificiales. También se pueden analizar a partir de los fenómenos que provoca su desintegración en el aire. Para detectar los rayos cósmicos se induce la interacción de las partículas que los componen con algún material de comportamiento conocido, y luego se estudian los productos resultantes del choque. Un método muy usado en el pasado consistía en registrar el proceso en emulsiones fotográficas. Hoy día se emplean dispositivos más sofisticados que suelen basarse en el destello que se produce cuando un rayo cósmico atraviesa el material que conforma el núcleo del detector. El estudio del destello permite deducir parámetros como la velocidad, energía y dirección del rayo cósmico. Desde el suelo también se pueden detectar los rayos cósmicos, aunque en este caso no de manera directa, sino a través del análisis de los fenómenos que se producen durante la desintegración del rayo cósmico en la atmósfera. Podríamos decir que en este caso el aire actúa como núcleo del detector, y los aparatos analizan los productos de la desintegración. Se deduce de este modo, de manera aproximada, la dirección de procedencia del rayo y su energía. Aún no está claro el origen de los rayos cósmicos, aunque las hipótesis más firmes apuntan hacia las partículas emitidas en fenómenos violentos como las explosiones de supernovas o los procesos que suceden en el núcleo galáctico. Los rayos cósmicos de menos energía tienen su origen en el Sol.
